Este artículo es parte de una serie llamada “Una carta de amor a…”, en la que los editores de Cycling Weekly elogian sus artículos de ciclismo favoritos y comparten la conexión personal que tienen con ellos. El contenido a continuación no está filtrado, es auténtico y no ha sido pagado.

¿Recuerdas los orígenes del entrenamiento bajo techo? No estoy del todo seguro de estarlo, pero recuerdo los días en que me escondía en el cobertizo polvoriento y helado de mis padres, interrumpiendo sesiones de 40 minutos con DVD de Sufferfest y jugando en un televisor portátil Matsui encima de la secadora.

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