Doha nunca imaginó que la maternidad redefiniría su vida y, sin embargo, eso es exactamente lo que sucedió. Madre devota de dos hijos, Mariam (20) y Omar (18), su mundo cambió cuando a Omar le diagnosticaron una discapacidad rara y grave, uno de los 70 casos conocidos en todo el mundo. De la noche a la mañana, los sueños cambiaron, las prioridades se realinearon y surgió un nuevo propósito.
En ese momento, Doha estaba construyendo una carrera exitosa en Unilever en el norte de África, Medio Oriente y Türkiye. Pero cuando llegó el diagnóstico de Omar, ella tomó la valiente decisión de dejar el mundo empresarial y dedicarse plenamente a su cuidado y al de otros niños que enfrentaban profundos desafíos.
La vida rápidamente se llenó de visitas al hospital, sesiones de terapia e incertidumbre. Sin embargo, Doha se negó a ceder a la desesperación. En cambio, convirtió el amor en acción. Esta visión llevó a la creación de 4 Kids Therapy, un centro sin fines de lucro que apoya a niños con discapacidades del desarrollo graves y complejas. Lo que comenzó con solo cuatro niños se ha convertido en un próspero centro que atiende a más de 130 personas, brindando terapias físicas y ocupacionales, deportes, logopedia, apoyo psicológico y orientación académica, todo bajo un mismo techo. Todos los niños son vistos. Cada esfuerzo se celebra.
Cuando Doha se unió a la Programa de entrenamiento de actividades motoras de Olimpiadas Especiales (MATP)ella trajo la misma compasión y convicción inquebrantable que construyeron su centro. Hoy, ella está ayudando a construir una red de apoyo familiar MATP, asegurando que los padres puedan compartir experiencias, aprender unos de otros y nunca sentirse solos. Su presencia se siente en cada sonrisa que alienta, en cada hito que celebra y en cada niño que alienta: ningún logro es demasiado pequeño.
“Omar me enseñó el valor de la resiliencia y cambió mi forma de pensar sobre el éxito y el progreso”, comparte Doha. “Celebro los pequeños logros porque hasta la tarea más sencilla requiere más esfuerzo por parte de uno que de los demás.” Recuerda haber pasado tres meses enseñándole a Omar a aplaudir, desanimada, sólo para que él lo hiciera solo diez días después. Ese momento lo cambió todo, le enseñó a no apresurar el progreso, a no rendirse y a confiar en el proceso, una lección que ahora comparte con innumerables familias.
Mariam, la hermana de Omar, ve más allá del diagnóstico. “Omar es mucho más que su enfermedad genética. Es mi hermano y mi mejor amigo, con una sonrisa que me alegra el día”. Sus palabras reflejan el corazón de la inclusión: ver a las personas por lo que son, no por lo que les falta. Su viaje nos recuerda que el amor construye puentes, la fe abre puertas y cada habilidad merece brillar.



