El doble pinchazo de Mathieu van der Poel en el bosque de Arenberg será el desastre mecánico que recordará el resto de su vida.

Debería haber sido un simple cambio con la bicicleta de su compañero de equipo Jasper Philipsen y un regreso al grupo delantero, donde podría luchar por un cuarto título consecutivo de la París-Roubaix.

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