Los coches sin conductor son, para muchas generaciones de niños con los ojos muy abiertos, un futuro lejano y apenas intangible. Pero desde 2020, han salido de las pantallas de cine y han salido a las calles, recogiendo pasajeros en ciudades de todo Estados Unidos. Mientras Waymo, con sede en California, anuncia planes para probar autos sin conductor en las calles de Londres la próxima primavera, me enfrento a una visión decididamente menos sexy de esta utopía proyectada: ser un ciclista entre ellas.

La batalla por las calles de Londres está liderada por dos empresas con nombres sorprendentemente similares: Wayve, con sede en Londres, respaldada por Uber, y Waymo, con sede en California. Ambos han probado sus coches fuera del Reino Unido, con la tecnología Wayve probada en flotas de Tokio y Waymo en San Francisco, Phoenix, Los Ángeles y Atlanta.

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