A Kévin Vauquelin le entregaron una toalla para que se la pusiera alrededor del cuello para calentar al final de la empapada etapa París-Niza, pero tan pronto como el francés llegó al vehículo del equipo Ineos Grenadiers lo arrojó al suelo con disgusto.

Vauquelin, de alguna manera, logró ascender hasta la sexta posición, salvando una situación que parecía haber dejado su carrera hecha jirones desde los primeros compases de la etapa. Pero su feroz regreso y su notable carrera en solitario en la subida final tal vez solo hayan resaltado lo que podría haber sido.

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