En la era de las redes sociales, los ciclistas profesionales eran maestros intocables de la resistencia con una fisiología sobrehumana que cabalgaban en un reino superior. Los pesos pesados ​​del automovilismo de la década de 2000 batieron récords en la televisión y en los periódicos. Al otro lado del mundo, los aficionados practicaban paseos en café, el mismo deporte pero muy diferente de la élite.

Los aspirantes a corredores observaron con asombro las primeras hazañas de estrellas como Mark Cavendish y Alberto Contador, pero a través de una capa de separación. Como pueden atestiguar los 2,4 millones de seguidores de Tadej Pogačar en Instagram, nada ha cambiado en este sentido: los héroes del ciclismo siguen siendo adorados e idolatrados.



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