Hace poco más de un año, Lotte Kopecky hablaba de un cambio de enfoque para intentar ganar el Tour de Francia Femenino en la clasificación general. Fue un experimento que nunca llegó a ponerse en marcha y una temporada (aparte de una tercera victoria en el Tour de Flandes) que en gran medida debe olvidarse.

Un problema en la rodilla arruinó su invierno y continuó afectándola durante los Clásicos de Primavera, y el dolor de espalda frustró sus sueños de maillot amarillo y la vio competir en una carrera relativamente ausente –para sus altos estándares– en el Tour.

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