“Todavía no sé qué sentir”, dijo Marianne Vos al salir del Stab Vélodrome, el recinto cubierto situado justo enfrente de la pista exterior, donde se le acababa de escapar entre los dedos una oportunidad de oro de ganar la Paris-Roubaix Femmes. Su rueda de prensa tuvo lugar más de una hora después de finalizar la carrera, y aunque insistió en que “mañana volverá a ser lunes”, intuimos que aún le llevará mucho tiempo digerirla.

Vos estaba desanimado en la meta. La devastación que se hundía estaba escrita con letras grandes en los ojos llenos de lágrimas. Hubo sonrisas, aspectos positivos y orgullo, pero la decepción llegó en oleadas y hubo varios momentos en los que luchó por contener las lágrimas.

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