Lamentable lo de Víctor Marulanda, Presidente del Nacional.
La posición prepotente con la que quiso esconder el error
que cometió al no traer de vuelta a su equipo el viernes,
desde Asunción, nos hizo recordar viejos tiempos. La arremetida
contra Ramón Jesurún, Presidente de DIMAYOR, y contra
el Junior de Barranquilla es tan injustificada como irrespetuosa.
Pretender buscar responsables
de los errores y desaciertos propios en otros no es de personas
de bien. No es un buen procedimiento y desdice de quien adopta
esa posición y peor si se le agrega, además, epítetos
y acusaciones de manera grosera e irresponsable.
A Marulanda le faltó grandeza
y sinceridad, consigo mismo, para reconocer que el problema creado
no la propició el Junior y que la responsabilidad o irresponsabilidad
era exclusiva de él y del Atlético Nacional.
Arremeter contra nuestras manifestaciones
culturales, burlarse del espectáculo que había montado
el Junior para llevar más aficionados al estadio es ofensiva
no solo contra el equipo sino contra la gente de Barranquilla.
Es tanto como desconocer las promociones que hace la empresa Postobón,
dueña del Atlético Nacional, para invitar al público
a tomar más Pepsi y menos Coca-Cola.
Infortunadas las declaraciones
de Marulanda e incompetente la manera como se manejó este viaje por parte de él.
Ciertamente perjudicó a su equipo que, para colmo de males,
recibió un repaso de pe a pá de parte del Junior
que volvió a jugar a lo grande, como ha sido su historia,
la misma historia que hizo llorar a Marulanda y al Nacional aquella
tarde-noche de diciembre del 2004 en pleno Estadio Atanasio
Girardot cuando, ya con las camisetas puestas que decían
campeón y la champaña descorchada, tuvieron que resignarse
a ver al equipo barranquillero dar la vuelta olímpica en
medio del público enmudecido después del último
lanzamiento, desde el punto penal, de Martín Arzuaga que
le dio, al Tiburón, su quinta estrella.
Sería bueno que Marulanda
recuerde algunas cosas en lugar de acusar a Jesurún de ser
barranquillero y de tomar la decisión, de jugar el partido,
más con el corazón juniorista que con la razón.
Por qué no trajo de vuelva
a su equipo el viernes y si el sábado? Que recuerde que
el partido ante Sportivo Luqueño se jugó el jueves.
Por qué no trajo un segundo
equipo como si lo hizo ante Pereira? Que recuerde que Nacional
tiene inscritos 50 jugadores en DIMAYOR.
Por qué no pidió el
aplazamiento del partido por escrito y con anticipación
si eso era lo que finalmente quería?
Por qué, antes de acusar
y patalear, no se acordó que el partido Junior vs. Nacional
estaba en la parrilla de juegos del Gana Gol? Qué iban a
hacer las directivas del concurso y la DIMAYOR con quienes habían
apostado durante la semana?
El problema lo generó Nacional
y, como caso curioso, también quería imponer la solución
a trompicones y con base a groserías y prepotencia que desdice
de un alto ejecutivo del Grupo Ardila. Ese mismo grupo económico
que se ha destacado siempre por la manera elegante como maneja
sus negocios.
Desafortunado lo de Nacional
pero más desafortunado lo de Víctor Marulanda, su
Presidente, que peló el cobre ante el país en lugar
de reconocer que se había equivocado, que la planificación
del viaje fue un desastre y punto.
Marulanda mató a Nacional
por su pésima planificación y Junior lo castigó feo.
Le jugó maravillosamente bien, le pasó por encima,
lo bailó, la tribuna cantó el ole y le metió un
3x0 que pudo ser un 4x0, 5x0 o 6x0.
La prepotencia y la maledicencia
se castigan. Marulanda no tuvo que esperar mucho para comprobarlo. |