Padres con hijos pequeños a los hombros o en carritos,
abuelos con sus nietos de la mano y jóvenes, muchos jóvenes,
ataviados con camisetas, gorros y chaquetas azules y el emblema
de los Gigantes inundaron ayer un tramo de la avenida Broadway,
al que se denomina "Cañón de los Héroes" y
que se reserva para los desfiles históricos en esta ciudad.
El de ayer, sin duda, era un evento histórico, pues no
sólo es la primera vez que la ciudad tiene oportunidad
de homenajear a un equipo de fútbol americano, sino que
además iba a la par con las votaciones de las elecciones
primarias para elegir candidatos a la Casa Blanca, una coincidencia
que nunca se había dado.
"Este desfile y esta muestra de lealtad es algo que recordaremos
el resto de nuestras vidas", declaró el entrenador,
Tom Coughlin, rodeado de sus jugadores, poco antes de que el
alcalde, Michael Bloomberg, les entregase las llaves de la ciudad
durante una ceremonia en el exterior del Ayuntamiento.
Hacía casi ocho años que Nueva York no tenía
ocasión de celebrar en las calles un triunfo sonado de
uno de sus equipos y esta vez tenía un significado si
cabe más especial, pues los Gigantes llegaron a la final
con gran esfuerzo y cuando muchos consideraban que poco o nada
podían hacer ante los Patriotas de Massachusetts, considerados
casi invencibles.
Al final, la victoria del domingo en Arizona hizo buena la máxima
de que la realidad casi siempre supera a la ficción, pues
el equipo considerado más débil se llevó el
triunfo, en un final de partido que podría haber escrito
cualquier guionista de Hollywood de no estar en huelga.
Faltando unos minutos para la conclusión del partido,
el mariscal de campo Eli Manning escapó entre una marea
de contrarios y lanzó un pase largo que atajó David
Tyree con habilidad casi circense.
La distancia que ganó el equipo en esa acción
casi milagrosa fue clave para que poco después y faltando
apenas 35 segundos para acabar el partido, los Gigantes llegasen
a la línea de fondo y superasen por 17 a 14 puntos a su
rival, lo que valía el campeonato.
La intensidad del encuentro y sobre todo del último cuarto
del partido, fue tal que la transmisión televisada de
la cadena Fox batió el récord de audiencia, al
llegar a una media de 97,5 millones de telespectadores y confirmar
a la Súper Bowl como el evento más popular en este
país.
* AS/NY |